El arte, cuando se ofrece con honestidad, con rigor y con memoria, es una de las armas más poderosas del ser humano —si no la que más.
Una honestidad al servicio de la verdad que, cuando se encarna con escucha y con conciencia, abre caminos hacia la libertad, hacia la sensibilidad y hacia un mejor porvenir.
Mi trabajo como cantante, productor, musicólogo, compañero y agente cultural, no busca (solo) entretener o aportar belleza al mundo —si es que eso no es ya, de por sí, profundamente valioso para el ser humano: equilibrar la cara hostil y las adversidades de la vida, y su realidad contemporánea.
Pero mi compromiso va más allá. Busca restituir lo que fue silenciado, corregir lo que fue distorsionado, seguir siendo útil en sus aciertos y ofrecerse a dar espacio y voz a lo que aún no ha sido escuchado.
Me comprometo con la historia no como relicario que conserve un archivo muerto, sino como campo de batalla por la verdad. Y con la voz no como mero instrumento, sino como cuerpo político, físico, espiritual y afectivo.
Por eso canto en más de veinte lenguas.
Por eso restituyo catálogos enteros.
Por eso encargo obras nuevas.
Por eso escribo, acompaño, produzco, edito, traduzco, enseño, y me expongo.
Por eso me declaro artista con orgullo: contratenor, una voz ya libre de convención y género, pero además contestataria, que construyo completa —con sus luces y sombras, con belleza y humanidad, con tormento e incluso con fealdad. Sin renegar de ninguna de mis aristas: para ser verdaderamente espejo, espacio común y espacio opuesto. Lo que se espera y lo que no. Brisa del mar, vómito, grito, golpe, puñal, susurro o caricia.
Por eso me declaro cantante de ópera con orgullo: porque canto siempre al servicio de una obra donde los verdaderos protagonistas son sus creadores —el compositor y el libretista—, y como parte necesaria de un todo colectivo. Siervo del arte.
Por eso me declaro hijo de la tradición clásica europea, criado en su rigor y su memoria, rica en idiosincrasias; pero con una cultura global y un lenguaje que ha enriquecido lo que traigo de sangre, de casa, aprendido en la escuela y en la convivencia de las calles que habito: desde Barcelona al mundo. Catalán, andaluz, gitano y manchego.
Por eso me declaro espiritual.
Por eso me declaro orgullosamente parte de la comunidad LGBT+, de los que amamos almas y cuerpos, con respeto, responsabilidad y reciprocidad, pero libremente.
Por eso me comprometo con la salud mental, con las minorías, con la verdad histórica, con la justicia estética.
Porque el arte es el lenguaje más allá de los límites del propio lenguaje.
Y porque el arte, cuando es verdadero, es profundamente útil y absolutamente necesario.
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